Written by 12:33 PM HOY, PORTADA

Argentina y su potencialidad para producir activos ambientales

activos ambientales

En los últimos años la provincia de Misiones, especialmente durante la gestión del actual gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, comenzó a gestionar la posibilidad de solicitar al gobierno nacional una contribución esencial por los servicios ambientales que la provincia ofrece a la zona de la pampa húmeda, y que beneficia a todo el país en lo económico, en salud, en biodiversidad, etc.

Los fundamentos para este tipo de reclamos no eran evidentes hasta hace poco, pero es probable que la cuestión de los activos ambientales sea un tema central, a escala global, a medida que los acuerdos entre los estados para asegurar un equilibrio ecológico obliguen a las empresas a comprar activos ambientales como un certificado de garantía de que sus actividades son neutralizadas en algún lugar del planeta en el que la producción de oxígeno, humedad y biodiversidad ya han sido cuantificados. Conocer estos activos a presente y a futuro será pronto una necesidad, una obviedad y un elemento esencial para las inversiones, e influirá de un modo determinante en la economía global.

El concepto es nuevo pero muy simple: se trata de reconocer los servicios ambientales que una región está prestando al planeta. Hay que pensar en las selvas, los bosques y los recursos hídricos como verdaderas industrias verdes, cuyo servicio compensa la emisión de gases que provienen de la actividad humana. Como dice Herrera Ahuad “el servicio ambiental es muy utilizado en el mundo pero poco valorado como aporte para el cuidado de la naturaleza”. Claramente, Misiones es un ejemplo: la cuenca verde de la selva paranaense ha sido protegida por políticas ambientales coherentes mientras que buena parte de la selva, en Brasil y Paraguay, ha perdido terreno frente a la rentabilidad de la soja. La conclusión es que sólo Misiones ha protegido esa selva y que muchos se benefician con lo que la provincia genera en materia de medioambiente, es decir, cuánto se ha generado como vida. La vida entendida, en términos económicos, como combustible esencial para la vida humana.

Esta es la importancia de cuantificar los recursos ambientales: entender que todo lo que compensa, mediante la generación de oxígeno, las emisiones de dióxido de carbono y otros contaminantes en otras zonas geográficas, debería recibir una compensación económica equivalente. La industria ganadera, la aeronáutica, la actividad sojera, etc, todo lo que se emite es compensado por las zonas que cuentan con activos ambientales. La selva misionera es un ejemplo perfecto de este balance que hasta el presente no había formado parte de las discusiones económicas.

Queda mucho camino por recorrer, porque si tenemos en cuenta las consideraciones económicas del presente, una hectárea de área protegida parece tener menos valor que una hectárea de soja o de maíz transgénico, si tenemos en cuenta tan sólo el valor activo de mercado. Esto ocurre porque no se están cuantificando aún los valores a futuro que un área protegida provee a la comunidad global, no sólo para sí misma, sino para las zonas circundantes.

Los fundamentos para este tipo de reclamos no eran evidentes hasta hace poco, pero es probable que la cuestión de los activos ambientales sea un tema central, a escala global, a medida que los acuerdos entre los estados para asegurar un equilibrio ecológico obliguen a las empresas a comprar activos ambientales como un certificado de garantía de que sus actividades son neutralizadas en algún lugar del planeta en el que la producción de oxígeno, humedad y biodiversidad ya han sido cuantificados.

Por fortuna la gestión ambiental de varios países ha comenzado a reformular los términos de esta ecuación: cuando comenzó a ser evidente, en los países industrializados, que comenzaba a escasear una masa crítica de activos ambientales necesarios para producir oxígeno, los economistas se vieron obligados a tener en cuenta estos activos que hasta el momento no eran tenidos en cuenta: oxígeno, agua, hielos continentales, biodiversidad animal y vegetal, tierras vírgenes –no afectadas por los transgénicos-, etc.

La experiencia de Misiones comenzó con la gestión por el agua, mediante planteos ante la justicia, para que se tuviera en cuenta la importancia económica en ese aporte misionero a otras zonas geográficas, que proviene de la emisión de humedad producida por esa cuenca paranaense. Una zona que, si desapareciera siguiendo el ejemplo de lo que ocurre en Paraguay o Brasil, produciría un desastre no sólo ambiental sino también económico, porque es esa humedad la que asegura las extraordinarias cosechas en la zona central del país.

Cuantificar estos aspectos esenciales pero no tan evidentes a simple vista que forman parte de la economía regional –y global- requiere un trabajo meticuloso y conjunto entre las áreas ambientales de los gobiernos, que deben contar primero con un plan a largo plazo y objetivos muy claros mensurables en términos de décadas y no mediante los cálculos cortoplacistas que eran habituales el siglo pasado. Dicho de otro modo: las gestiones iniciadas por Misiones son un paso necesario para que exista un reconocimiento internacional de la verdadera industria verde que, tanto en nuestro país como en toda la región iberoamericana, con su aporte de oxígeno, biodiversidad y humedad, contribuye de un modo decisivo a las otras industrias.

Reiteramos que esto requiere un trabajo de especialistas a escala global. Los recursos ambientales no son algo incipiente en otras regiones, de manera que hay muchas posibilidades para que la región se vea beneficiada, en los próximos años, como productora de activos ambientales que ya forman parte de la economía y que, una vez cuantificados, forman parte de las consideraciones que se incluyen en el juego de la oferta y de la demanda. ¿Cuánto oxígeno produce nuestra cuenca mesopotámica? ¿Cuántos recursos hídricos engrosan la provisión de agua dulce, en una proyección a futuro? Todo eso cuenta y todo eso es lo que debe ser compensado por quienes invierten en industrias que rompen el equilibrio ya sea gastando el oxígeno o emitiendo gases como el metano o el dióxido de carbono. Esa cuantificación de lo que se produce en términos de activos ambientales ya forma parte de las discusiones entre industriales franceses y el gobierno misionero: “yo produzco estos activos como aporte para el planeta ¿cuánto pueden pagar tus industrias por gastarlos?”. El precio ya forma parte del mercado.

Hay sin dudas un correlato de toda esta discusión que excede a la economía y afecta nuestras vidas y, en especial, la de las generaciones venideras. La encíclica Laudato Sí del papa Francisco es una prueba fehaciente del sentido trascendente de esta necesidad de cuidado del planeta como un espacio compartido. Pero es clave que las empresas productoras de dióxido de carbono –como la aeronáutica-, obedientes de las nuevas regulaciones a escala global, hayan comenzado a ocuparse seriamente de compensar estas emisiones y paguen el precio a aquellas regiones que aseguran ese equilibrio. Es aquí donde las posibilidades de Argentina como productora de recursos ambientales no son una tarea pendiente, sino una realidad tangible: tal vez ya somos un factor fundamental para la economía mundial mediante nuestras industrias sin chimenea y todavía no nos hemos dado cuenta. Es hora de hacerlo valer.

Fernando León
Últimas entradas de Fernando León (ver todo)
(Visited 30 times, 1 visits today)
Etiquetas: , , , , , , , Last modified: 2 noviembre, 2021
Close