Written by 10:48 AM OPINIÓN

Think Tanks herramientas para la gestión de lo local en lo global (y viceversa)

think tanks

A riesgo de ser reiterativos, no podemos abordar la realidad de los think tanks a nivel global y regional sin antes insistir en una idea que en unos años nos parecerá obvia: la complejidad del mundo en los años de la globalización acelerada ya no puede ser abordada por las organizaciones tradicionales. Esto no es algo nuevo. La humanidad siempre ha sido empujada de un modo espontáneo por líderes y visionarios que encontraron soluciones prácticas a los desafíos para la supervivencia de sus comunidades.

Esto ha vuelto a ser evidente en los albores de este nuevo milenio: el terrorismo (2001), la crisis económica (2008) o la pandemia global (2020) son sólo tres factores de carácter global que ejemplifican puntualmente un estado de incertidumbre que va más allá de los acontecimientos. Dicho de otro modo: la crisis que vivimos ya excede los ejemplos puntuales. Internet y las redes sociales han diseminado la información de modo tal que ésta ya no puede ser regulada por las instituciones que constituyen o acompañan al estado-nación (gobiernos, prensa, sistema educativo, partidos tradicionales). Lo mismo ocurre con el sistema político frente al pragmatismo espontáneo de la revolución tecnológica, ocasionando una crisis de representatividad que ya tiene un carácter crónico en nuestras sociedades. Es sólo la punta del iceberg: la crisis ya está en camino de extenderse hacia el sistema monetario, el impositivo, el previsional, etc.

La crisis, por sus dimensiones, parece un asunto existencial, y es curioso, que en este aparente caos, regresen al primer plano los gestores del cambio que día a día atraviesan ilesos la incertidumbre del presente y ya mismo gestionan nuevas formas de organización, nuevas formas de comercio y nuevas relaciones de intercambio a escala global. Son los makers, nacidos en esas plataformas de gestión multidisciplinarias llamadas think tanks, que desde hace varios años son piezas claves para dinamizar las relaciones entre el poder político (legisladores, funcionarios, asesores gubernamentales), el sector académico (científicos, expertos en un área del saber, profesionales altamente calificados) y la opinión pública.

¿Cuál es el secreto de los think tanks? Su flexibilidad organizativa. Son imprescindibles para reflexionar y proponer soluciones a los desafíos que exigen una respuesta inmediata –el mismo nombre hace referencia a los espacios que, durante las grandes conflagraciones globales, reunían a científicos y a militares para tomar decisiones en base a una estrategia puntual y de aplicación inmediata-. Los agentes de cambio que dan vida a los think tanks, los makers, generan e intercambian los saberes que surgen del intercambio en los diferentes campos del saber con un alcance de ejecución y una aplicabilidad que excede los alcances de los centros de investigación universitarios. Podría decirse que los makers ya habitan un mundo que no cree en las viejas instituciones. Y sin embargo los think tanks son precisamente las piezas claves para la reconversión de esas instituciones tradicionales en función del nuevo paradigma al que nos empuja la revolución tecnológica.

La acción de estos organismos, hechos a la medida del nuevo milenio y diseminados por todo el planeta, también ha contribuido en los últimos años a dinamizar por completo las relaciones entre estados, privados, organizaciones supragubernamentales digitadas por los estados (ONU, Mercosur, Unión Europea, etc.) e instituciones no gubernamentales. Sus voces han sido fundamentales para prestar atención inmediata a conflictos étnicos, abordar consecuencias a las crisis económicas o hacer frente a cambios repentinos de paradigma en el escenario global (la ocasionada por los atentados de 2001, la quiebra de LehmanBrothers en 2008 o la crisis multidimensional producida por la pandemia de Covid-19 en 2020).

La crisis, por sus dimensiones, parece un asunto existencial, y es curioso, que en este aparente caos, regresen al primer plano los gestores del cambio que día a día atraviesan ilesos la incertidumbre del presente y ya mismo gestionan nuevas formas de organización, nuevas formas de comercio y nuevas relaciones de intercambio a escala global.

Hoy estas organizaciones, por su dinamismo y flexibilidad, son actores esenciales en el análisis, puesta en marcha y contralor de aquelllos proyectos a futuro que revisten un alcance global, los cuales coordinan junto a gobiernos e instituciones. Están presentes cada año en el Foro Económico Mundial y en los distintos programas a escala global de la ONU. Los think tanks locales han sido claves para impulsar y auditar la adhesión de la CEPAL a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que impulsan las Naciones Unidas como parte de su Agenda 2030.

¿Por qué son claves y por qué han cobrado tanto protagonismo en tan poco tiempo? Las razones son varias, pero obedecen todas a una lógica pragmática frente a los cambios disruptivos del proceso globalizador: en primer lugar, son organizaciones dinámicas en su estructura. Ya sea permanente o temporario, su personal garantiza que las investigaciones y sus consecuentes gestiones permanezcan en el tiempo, excediendo el tiempo de mandato de los funcionarios de los gobiernos con quienes deben negociar los asuntos de interés común. En segundo lugar, se trata de organizaciones flexibles, que aseguran una rápida aplicabilidad de sus investigaciones, a diferencia de los organismos universitarios, más teóricos y académicos. Pero hay algo más importante, que es producto de un enfoque multidisciplinar que otras organizaciones no tienen: los think tanks pueden abordar, al mismo tiempo, los problemas de financiamiento de sus objetivos, los desafíos de comunicación de un problema puntual y también las estrategias para influir en la opinión pública. Todos estos son asuntos que no podrían ser impulsados por las instituciones formales en el tiempo y la forma que exigen estos tiempos en los que cada sector procura imponer sus agendas y se requiere mucha flexibilidad para contrarrestar la influencia de sectores de presión que muchas veces obedecen a intereses de una élite o de sectores ideologizados que no responden a la lógica democrática de las sociedades abiertas de Occidente. En ese sentido los thinktanks también son un factor de democratización directa en numerosas regiones del mundo.

Los thinktanks locales han sido claves para impulsar y auditar la adhesión de la CEPAL a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que impulsan las Naciones Unidas como parte de su Agenda 2030.

Argentina es precisamente un país líder en think tanks a escala regional, superando a Brasil en este tipo de organizaciones según un estudio reciente del CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales), que destaca no sólo la cantidad sino la calidad de los think tanks argentinos, medida tanto en el prestigio de sus trabajos de investigación como en la influencia que éstos tienen en las instancias de decisión, es decir, en la aplicabilidad inmediata de las ideas que generan estas usinas del pensamiento para complementar la labor de estados e instituciones. En síntesis: la región también se está integrando a la búsqueda de soluciones de la sociedad civil a escala global, y sus think tanks ya son herramientas fundamentales para hacer frente a la dimensión y a la velocidad exponencial de los cambios que hacen de los problemas locales un asunto global y viceversa.

Fernando León
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Etiquetas: , , , , , Last modified: 8 noviembre, 2021
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