Si la historia de la deuda estadounidense fuera una superproducción de Hollywood, los créditos iniciales mostrarían un elenco súper conocido: Japón, el ahorrador prolijo con olfato para la renta, y China, la potencia estratégica cuyas compras masivas de bonos le hacían temblar las piernas a Washington.
Juntos, llenaron las bóvedas de Fort Knox con pagarés, revoleando su estatus de acreedores como un cetro, listos en teoría, para revolear los bonos y mandarle un ataque de pánico al mercado si la diplomacia se ponía picante.
Pero, como sabe cualquier guionista, toda buena trama necesita un plot twist.
Acá es donde entran los emisores de stablecoins, nuestros nuevos antihéroes financieros, emitiendo dólares digitales con la caradurez de Silicon Valley y la praxis de Wall Street.
Tether.io, Circle y Cía. devoran deuda estadounidense no porque les quite el sueño la influencia global, sino porque necesitan que sus tokens sean eso… estables.
Atrás quedaron los días en que un comunicado con doble sentido del Banco Popular de China te disparaba los rendimientos de los bonos. La nueva camada de compradores no está para la rosca política. Ellos solo buscan solidez financiera.
Este cambio es una jugada maestra geopolítica: el Tío Sam ahora depende menos de gobiernos extranjeros caprichosos y más de empresas privadas que, seamos sinceros, tienen más chances de entrar en crisis por un algoritmo fallido que por una pelea diplomática.
El riesgo de usar la deuda como arma se desvanece más rápido que la memecoin de la temporada pasada.
¡Pero eso no es todo!
Mientras el yuan digital de China (RMB) intenta seducir al mundo, las stablecoins atadas al dólar se calzaron el sombrero de vaquero y salieron a reclamar el puesto de sheriff de la economía digital para el billete verde.
Gracias a las regulaciones de la Ley Genius , los emisores de stablecoins ahora tienen que respaldar sus monedas con los clásicos T-Bills a corto plazo.
¿El resultado? Cada tenedor de stablecoins, de Dublín a Dubái, se convierte en un financista accidental de los gastos del Tío Sam.
Esta es la campaña de crowdfunding más grande de la historia ¡y a nadie le regalaron ni una remera, ni un beso, ni un abrazo!
En el acto final, las stablecoins aparecen no solo como la plomería financiera de la era blochain , sino como herramientas silenciosas del poder económico estadounidense.
Con los acreedores extranjeros en papeles secundarios, la resiliencia financiera, la soberanía monetaria y el “privilegio exorbitante” de EE. UU. consiguen su tan esperada secuela.
A veces, la mejor forma de ganar el partido de las monedas globales es cambiar el guion… y meter un par de chistes crypto en el medio.
¡Sacá del medio China!
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Austral de Argentina. Emprendedor, entusiasta de la tecnología, graduado de Singularity University.
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