La denuncia de Mercado Libre contra la plataforma china Temu, que ahora llegará a la Corte Suprema, abre un debate necesario y postergado: cómo competir de manera justa en la economía digital global y qué reglas deberían regir a las plataformas que moldean el consumo de millones de personas todos los días.
En varios puntos, los argumentos de Mercado Libre son atendibles. Temu —respaldada por un ecosistema industrial y logístico chino de escala colosal— opera con precios extremadamente bajos, modelos de subsidio agresivos y estrategias que tensan los límites de la competencia leal. El riesgo para las economías locales, los comercios regionales y las plataformas que sí tributan y generan empleo en el país no es menor.
Regular no es censurar: es equilibrar la cancha.
Sin embargo, el problema aparece cuando quien denuncia prácticas abusivas omite revisar las propias.
El elefante en la habitación: el diseño no es neutral
Mercado Libre y Mercado Pago no son simples intermediarios tecnológicos. Son arquitectos de decisiones. Cada color, botón, animación, notificación o mensaje está pensado para influir en el comportamiento del usuario.
Y aquí es donde la defensa moral empieza a crujir.
Hace años que ambas plataformas utilizan patrones de diseño cuestionables:
- Mensajes de urgencia artificial (“última oportunidad”, “quedan pocas unidades”).
- Flujos de pago que empujan a usar crédito o cuotas sin mostrar claramente el costo real.
- Dificultades deliberadas para cancelar servicios, seguros o suscripciones.
- Notificaciones constantes diseñadas más para generar ansiedad que información.
- Promociones que destacan beneficios y esconden condiciones en letra mínima.
Nada de esto es ilegal en sentido estricto. Pero tampoco es ético.
Competencia justa también es UX justa
Si Mercado Libre pide reglas claras frente a Temu, debería estar dispuesto a aceptar el mismo estándar hacia adentro.
Porque la competencia desleal no solo ocurre en el precio o en los impuestos: también ocurre en la interfaz.
Hoy, el diseño de experiencia de usuario (UX/UI) se ha convertido en una herramienta de poder blando. No se obliga, se induce. No se engaña explícitamente, se empuja sutilmente. Y eso tiene consecuencias reales en el endeudamiento, la toma de decisiones y la confianza de los usuarios.
Un mercado digital sano no puede basarse únicamente en:
quién vende más barato,
quién tiene más capital,
o quién llega antes al celular del usuario,
sino también en quién respeta mejor su autonomía.
Hacia una ética digital coherente
El debate que abre el caso Temu no debería cerrarse en una disputa judicial entre gigantes. Debería servir para algo más profundo:
repensar el contrato ético entre plataformas y ciudadanos.
Hoy, el diseño de experiencia de usuario (UX/UI) se ha convertido en una herramienta de poder blando. No se obliga, se induce. No se engaña explícitamente, se empuja sutilmente. Y eso tiene consecuencias reales en el endeudamiento, la toma de decisiones y la confianza de los usuarios.
Si Mercado Libre aspira —con razón— a ser vista como una empresa regional estratégica, innovadora y comprometida con el desarrollo local, el paso siguiente es inevitable:
- Diseños más claros.
- Información financiera realmente comprensible.
- Menos manipulación emocional.
- Más transparencia en costos, riesgos y decisiones.
Defender la industria local está bien.
Defender al usuario, mejor.
Porque en la economía digital del siglo XXI, la ética no se declama en tribunales: se diseña en pantallas.
Es músico y escritor. Se me ha perdido una canción (2011), Mis canciones (2014) y Seré canción entonces… (2018) son sus tres discos. Ha publicado también la novela Una tumba sin nombre (2012) y el ensayo Renta Básica Universal: Por qué y cómo terminar para siempre con la pobreza. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad Austral, Argentina), Master en Acción Política y Participación Ciudadana (Universidad del Rey Juan Carlos, España) y Diplomado en Gestión Pública (Instituto Tecnológico de Monterrey, México). Es fundador, director y editor de la Revista Algoritmo.
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