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Estonia crea el primer DNI para inteligencias artificiales: así será la nueva identidad digital de los agentes de IA

estonia dni

Durante los últimos dos años el debate sobre la inteligencia artificial estuvo dominado por los grandes modelos de lenguaje como ChatGPT, Gemini o Claude. Sin embargo, la próxima revolución no serán los chatbots, sino los agentes autónomos.

Un agente ya no responde solamente una pregunta. Puede reservar un vuelo, negociar un contrato, pagar una factura, completar una declaración impositiva o coordinar decenas de aplicaciones sin intervención humana.

Y eso plantea un problema enorme.

¿Cómo sabe un banco que quien intenta realizar una transferencia es realmente un agente autorizado?

¿Cómo puede un organismo público distinguir entre un ciudadano y una inteligencia artificial que actúa en su nombre?

¿Quién es responsable cuando ese agente comete un error?

Estonia cree tener la respuesta.

Del DNI humano al DNI para IA

El gobierno estonio anunció que desarrollará los primeros AI ID Codes, códigos de identidad oficiales para agentes de inteligencia artificial.

La idea no consiste en convertir a la IA en una persona jurídica.

Todo lo contrario.

Busca que cada agente posea una identidad propia, separada de la de su propietario, con permisos perfectamente delimitados y auditables.

En lugar de entregar todas nuestras credenciales a un asistente inteligente, podremos otorgarle únicamente las autorizaciones necesarias.

Por ejemplo:

  • consultar una cuenta bancaria pero no transferir dinero;
  • preparar una declaración impositiva pero no presentarla;
  • realizar pagos únicamente hasta un monto determinado;
  • firmar determinados documentos pero no todos.

Cada acción quedaría registrada, permitiendo saber exactamente qué agente actuó, en nombre de quién y bajo qué autorización. Hace unas semanas China anunció que impulsaba lo mismo para los robots.

El verdadero problema que intenta resolver

Hoy los agentes funcionan utilizando nuestras propias credenciales.

Si un asistente necesita operar sobre nuestros datos normalmente debemos entregarle acceso completo a cuentas, servicios y documentos.

Es como si para enviar a alguien a retirar un paquete le entregáramos nuestro DNI, nuestras tarjetas de crédito y las llaves de nuestra casa.

El sistema funciona… hasta que deja de hacerlo.

La propuesta estonia introduce el principio de delegación limitada.

La IA deja de “hacerse pasar” por una persona y pasa a actuar con una identidad propia, cuyos permisos pueden revocarse, modificarse y auditarse.

Una infraestructura para la economía de agentes

Quizá el aspecto más interesante sea que Estonia no está regulando ChatGPT.

Está construyendo la infraestructura para una economía donde millones de inteligencias artificiales interactuarán entre sí.

Imaginemos dentro de pocos años:

  • nuestro agente negocia automáticamente un seguro;
  • el agente del banco verifica la operación;
  • el agente de la empresa eléctrica genera el contrato;
  • el agente de la AFIP registra la factura;
  • el agente del escribano certifica la operación.

Todo podría ocurrir en segundos y sin intervención humana.

Pero para que eso funcione cada agente necesita una identidad verificable.

No es casual que ocurra en Estonia

Estonia lleva más de dos décadas construyendo uno de los Estados digitales más avanzados del mundo.

Sus ciudadanos utilizan identidad digital para votar, acceder a la historia clínica, firmar contratos, pagar impuestos y realizar prácticamente cualquier trámite administrativo.

Además, el programa de e-Residency permitió que miles de emprendedores de todo el mundo administren empresas europeas completamente en línea.

En ese contexto, extender la identidad digital desde las personas hacia los agentes de IA aparece como un paso lógico.

El desafío jurídico

La iniciativa todavía plantea interrogantes importantes.

Si un agente autorizado realiza una operación equivocada:

  • ¿responde el usuario?
  • ¿el desarrollador del agente?
  • ¿la empresa que lo opera?
  • ¿el proveedor del modelo de IA?

El propio gobierno estonio reconoce que esas cuestiones aún deben resolverse antes de implementar el sistema de forma definitiva.

Mi mirada

Durante años pensamos que el desafío regulatorio consistía en controlar lo que una inteligencia artificial podía decir.

Probablemente nos equivocamos.

El verdadero desafío será controlar lo que la inteligencia artificial podrá hacer.

Cuando millones de agentes comiencen a comprar, vender, contratar servicios, presentar declaraciones impositivas o administrar patrimonio en representación de personas y empresas, la confianza dejará de depender únicamente de la autenticación humana.

Necesitaremos una nueva capa de identidad para Internet.

Estonia parece haber entendido antes que nadie que el futuro no será una red habitada solamente por personas, sino también por agentes autónomos.

Y quizás, dentro de algunos años, resulte tan normal que una inteligencia artificial tenga una identidad digital oficial como hoy nos parece natural utilizar un DNI electrónico para realizar un trámite desde el celular.

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Es músico y escritor. Se me ha perdido una canción (2011), Mis canciones (2014) y Seré canción entonces… (2018) son sus tres discos. Ha publicado también la novela Una tumba sin nombre (2012) y el ensayo Renta Básica Universal: Por qué y cómo terminar para siempre con la pobreza. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad Austral, Argentina), Master en Acción Política y Participación Ciudadana (Universidad del Rey Juan Carlos, España) y Diplomado en Gestión Pública (Instituto Tecnológico de Monterrey, México). Es fundador, director y editor de la Revista Algoritmo.

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Etiquetas: , , , , , , , Last modified: 30 junio, 2026
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