Hay decisiones que se toman a más de mil kilómetros de distancia, pero cuyas consecuencias terminan apareciendo en la calle de cualquier ciudad del interior argentino.
Una obra que se paraliza no queda suspendida en un expediente. Queda frente al vecino que circula todos los días. La encuentra el trabajador que va a trabajar, una familia que lleva a sus hijos a la escuela, un comerciante que necesita recibir mercadería o cualquiera que transita una ruta.
Eso es lo que hoy estamos viviendo en Formosa.
Esta semana, desde el Bloque Justicialista que presido en el Concejo Deliberante de la ciudad de Formosa, presentamos un pedido concreto: que la Dirección Nacional de Vialidad reactive urgentemente las obras de infraestructura vial paralizadas en las rutas nacionales que atraviesan nuestra ciudad.
No estamos hablando de una competencia municipal. Estamos hablando de infraestructura de jurisdicción nacional.
Y tampoco estamos reclamando una obra nueva.
Estamos pidiendo que se continúe aquello que se empezó y quedó paralizado.
El deterioro de estos sectores no distingue entre oficialistas y opositores. Afecta la seguridad vial, la conectividad, el transporte público, la circulación de cargas, a peatones y conductores. Es un problema concreto que requiere una respuesta concreta. Eso mismo fundamentamos en el proyecto presentado ante el Concejo Deliberante.
Por eso planteé dentro del recinto que este reclamo no debería pertenecer a un partido político.
Pedí el acompañamiento de todos los concejales y propuse que también convoquemos a nuestros representantes en el Congreso de la Nación para que se sumen.
Porque podemos tener diferencias enormes sobre economía, sobre política o sobre cómo administrar el Estado. Es parte de la democracia.
Pero defender una obra que necesita nuestra comunidad debería encontrarnos del mismo lado.
El federalismo también se construye con cemento
En los últimos años hablamos muchísimo sobre déficit, equilibrio fiscal y tamaño del Estado.
Es una discusión válida.
Soy contador público y provengo de una familia de comerciantes y emprendedores. Sé perfectamente que ninguna administración puede gastar indefinidamente más de lo que tiene.
Pero también aprendí algo desde muy chico: ordenar las cuentas no significa dejar de cumplir las obligaciones.
Y mucho menos trasladárselas a otro.
Cuando el Gobierno Nacional deja de financiar una obra nacional, esa necesidad no desaparece.
Cuando deja de realizar el mantenimiento correspondiente, la ruta no deja de deteriorarse.
Cuando una obra queda inconclusa, el vecino no puede decidir dejar de transitar por ella hasta que mejoren las cuentas públicas.
El costo sigue existiendo.
Solamente cambia quién termina soportándolo.
Y muchas veces ese costo empieza a bajar por la cadena: Nación, Provincia, Municipio y, finalmente, el ciudadano.
Ahí es donde el debate sobre el federalismo deja de ser una discusión constitucional y empieza a sentirse en la vida cotidiana.
No pedimos privilegios
Durante la sesión decidí expresar este reclamo de la manera más sencilla posible.
Levanté un cartel dirigido al Presidente de la Nación que decía:
“MILEI, FORMOSA ES ARGENTINA”.
Puede parecer solamente una frase política.
Para mí significa algo mucho más elemental.
Los formoseños somos argentinos. Trabajamos, producimos, emprendemos, pagamos impuestos y tenemos exactamente los mismos derechos y obligaciones que un ciudadano de Córdoba, Mendoza, Santa Fe o la Ciudad de Buenos Aires.
No queremos privilegios.
Tampoco queremos que nos regalen nada.
Queremos que las responsabilidades nacionales se cumplan también cuando el mapa llega al norte argentino.
El proyecto que presentamos no solamente solicita la reactivación de las obras. Mientras continúen paralizadas, pedimos a Vialidad Nacional que al menos garantice mantenimiento, limpieza, señalización y prevención en los tramos afectados.
¿Puede realmente considerarse excesivo ese pedido?
Creo que no.
Una discusión que debería superar a Milei
Hay algo todavía más importante.
Esto no debería convertirse simplemente en otra pelea entre peronismo y libertarios.
Los gobiernos pasan.
Las ciudades quedan.
Y las rutas, los puentes, las escuelas, los hospitales, el agua, el saneamiento y la infraestructura productiva que construyamos —o dejemos de construir— también quedan.
Argentina necesita discutir seriamente qué Estado quiere tener.
Pero dentro de esa discusión debemos definir también qué Nación queremos ser.
Una Argentina federal no puede consistir solamente en reconocer 23 provincias y una Ciudad Autónoma en un mapa.
El federalismo requiere responsabilidades compartidas, inversión, conectividad e igualdad de oportunidades independientemente del código postal donde haya nacido una persona.
Desde Formosa estamos dispuestos a hacer nuestra parte.
Como concejal y presidente del Bloque Justicialista voy a seguir buscando que este reclamo sea acompañado por todos los espacios políticos y que llegue también al Congreso Nacional.
No para generar una confrontación más.
Sino porque hay algo anterior a cualquier pertenencia partidaria:
FORMOSA TAMBIÉN ES ARGENTINA.
- Formosa también es Argentina - 3 septiembre, 2026