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Espacios Públicos en China:¿Qué significan?

Espacios Públicos en China

Cuando hablamos de China pensamos rápidamente en inteligencia artificial, vehículos eléctricos, trenes de alta velocidad, automatización, grandes inversiones en infraestructura, ciudades inteligentes y una extraordinaria capacidad de ejecución de proyectos públicos.

Todo eso es real y existe pero después de observar durante años los procesos urbanos de distintas ciudades del mundo, creo que hay otra dimensión mucho más profunda para comprender la transformación china y es la decisión de construir y cuidar el espacio común.

Bajando del concepto tecnológico de ciudad inteligente, me gusta hablar de lo real y posible, ir a lo más simple de la definición, lo que buscan las ciudades que se piensan mejores es que las personas puedan estar cómodas y vivir bien cuando comparten el territorio y están juntas.

Y quizás sea precisamente allí donde China tenga una de las experiencias urbanas más interesantes para observar.

El espacio público como infraestructura social

Poner prioridad sobre espacio público es una decisión política y se la puede medir por la cantidad y calidad de encuentros que produce, por su accesibilidad, por la seguridad que genera, por la diversidad de personas que logra reunir y por la capacidad de convertirse en escenario de la vida cotidiana.

En numerosas ciudades chinas aparece una concepción particularmente potente: el espacio público como extensión de la comunidad.

La ciudad entera ocurre en sus Parques, plazas, corredores peatonales, waterfronts, espacios deportivos, áreas verdes y pequeños espacios de proximidad son utilizados por niños, adultos mayores, familias, trabajadores y jóvenes.

Se camina. Se conversa. Se practica actividad física. Se juega. Se baila. Se descansa. Se encuentran los vecinos. Se comparte tiempo. Se viaja.

Y hay algo que me llamó la atención desde mi primer viaje, esos espacios no parecen estar pensados exclusivamente como lugares de circulación, sino como lugares de permanencia y de encuentro.

Durante décadas, buena parte del urbanismo contemporáneo estuvo obsesionado con hacer más eficiente el movimiento dentro de la ciudad. Construimos avenidas, autopistas, estacionamientos, corredores y grandes infraestructuras para que las personas pudieran llegar más rápido de un punto a otro.

Pero sobretodo, una ciudad existe para encontrarnos y que esos espacios sean cómodos para apropiárnoslo, hablo de una cultura de apropiación colectiva.

Cuando una plaza está limpia, iluminada, accesible, arbolada y cuidada, transmite un mensaje mucho más profundo que el de una buena obra pública. Si hay flores además, todo eso se siente como un lugar que importa.

Por eso el espacio público puede ser entendido como una de las expresiones más concretas de igualdad.

En una plaza, en un parque o en un corredor público, las diferencias sociales pueden seguir existiendo, por supuesto. Pero existe algo extraordinariamente democrático en compartir un mismo espacio, utilizar la misma infraestructura urbana y formar parte de una misma escena cotidiana.

El espacio público es uno de los pocos lugares donde una sociedad puede experimentar físicamente la idea de que todos somos parte de algo común.

Ese eso quizás, uno de los aprendizajes más interesantes que podemos llevarnos de China.

La movilidad eléctrica

La movilidad eléctrica es otro de los fenómenos que permite observar esta transformación.

China dejó de tratar al vehículo eléctrico como una tecnología experimental para convertirlo en parte cotidiana del sistema de movilidad masivo.

Los datos son contundentes: en 2025, los vehículos eléctricos representaron por primera vez más de la mitad de las ventas anuales de automóviles en China. El país también concentró cerca del 75% de la producción mundial de automóviles eléctricos. (IEA)

Este gran cambio genera una consecuencia que resulta todavía más interesante. La electrificación cambia la experiencia sensorial de la ciudad.

Miles de vehículos eléctricos desplazándose silenciosamente por calles densamente pobladas producen una transformación que no siempre aparece en los indicadores tradicionales generando menos ruido, menos agresividad y menos emisiones de co2.

La experiencia china nos obliga a pensar que una ciudad inteligente también puede ser aquella que consigue resolver problemas extraordinariamente simples.

Por eso debemos observar si está preparada para que los adultos mayores caminen de manera segura, o que los niños puedan andar en bicicleta, jugar y caminar sin riesgos.

O de pronto asegurarnos que una familia pueda pasar una tarde en un parque. Ni que hablar si aprovechamos espacios cercanos a la costa y los planificamos en vez de darles la espalda.

También que nuestras plazas sean seguras 24hrs, que estén limpias, con juegos y equipamiento cuidado. Sobre esto, deberíamos pensar en cómo mantenemos los espacios públicos después de inaugurarlos. Sostenerlos en el tiempo.

Es este el concepto de Smart City en que yo creo.

La ciudad inteligente Será la ciudad que utilice mejor la tecnología para construir una vida urbana más humana, igualitaria y accesible.

Cuatro ciudades para volver a mirar China

Del 15 al 27 de septiembre, volveremos a China con una misión internacional integrada por representantes y actores del sector público argentino.

Recorreremos Shanghai, Hangzhou, Suzhou y Beijing, cuatro ciudades diferentes que permiten observar distintas dimensiones del proceso de transformación urbana chino.

Viajamos para observar cómo se planifica una ciudad. Cómo se construye infraestructura. Cómo se gestiona el espacio público. Cómo se articula movilidad, ambiente y desarrollo urbano. Cómo se incorpora la innovación.

Pero, sobre todo, queremos observar cómo se construye comunidad desde la ciudad.

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Etiquetas: , , , , Last modified: 20 agosto, 2026
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