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Los wearables se preparan para explotar: la salud 4.0 puede convertirlos en un mercado gigantesco

Salud digital

Durante años, la promesa de los wearables fue relativamente sencilla: contar pasos, registrar entrenamientos, medir el ritmo cardíaco y decirnos cuántas horas habíamos dormido.

Esa etapa parece estar terminando.

La nueva generación de dispositivos busca algo mucho más ambicioso: monitorear nuestro organismo de manera continua, detectar anomalías, anticipar problemas de salud y transformar millones de datos biométricos en recomendaciones personalizadas mediante inteligencia artificial.

CES 2026 dejó algunas señales claras de esta transformación. La propia organización del evento puso este año un fuerte énfasis en salud digital, inteligencia artificial y wearables, mientras que los anillos inteligentes ganaron protagonismo como una de las nuevas categorías de seguimiento permanente de parámetros de salud.

Lo que está ocurriendo es algo más profundo que la aparición de nuevos gadgets.

Estamos viendo el nacimiento de una infraestructura tecnológica para la salud 4.0.

De contar pasos a vigilar nuestro organismo

Los primeros wearables estaban esencialmente asociados al deporte.

Los nuevos dispositivos empiezan a incorporar electrocardiogramas, temperatura corporal, saturación de oxígeno, frecuencia respiratoria, análisis del sueño, estrés, recuperación, composición corporal y otros indicadores metabólicos.

Algunos productos ya integran además mediciones o estimaciones relacionadas con presión arterial y salud cardiovascular.

El recientemente lanzado Samsung Galaxy Watch9, por ejemplo, incorpora seguimiento de temperatura de la piel, oxígeno en sangre, frecuencia respiratoria, electrocardiograma y presión arterial —esta última dependiendo del mercado y las autorizaciones correspondientes— además de nuevos indicadores relacionados con salud cardiovascular, metabolismo y envejecimiento.

Pero quizás la transformación más interesante ocurre fuera del reloj.

Los smart rings están creciendo como dispositivos especialmente adecuados para el seguimiento permanente porque son pequeños, discretos y pueden utilizarse durante prácticamente todo el día.

En CES 2026 aparecieron propuestas que incluso incorporan ECG en formato anillo y sistemas capaces de compartir información de salud con familiares o generar alertas.

La industria empieza así a competir por una nueva superficie tecnológica: el cuerpo humano.

Un mercado que puede crecer mucho más rápido que los wearables tradicionales

Las estimaciones ayudan a comprender la magnitud económica del fenómeno.

IDC proyecta que los envíos globales de dispositivos wearables alcanzarán aproximadamente 693 millones de unidades anuales en 2030. La consultora considera que salud, inteligencia artificial y conectividad estarán entre los principales motores de expansión de nuevos casos de uso.

Pero el segmento específicamente sanitario podría crecer todavía más rápido.

MarketsandMarkets estima que el mercado mundial de dispositivos wearables para salud pasaría de unos US$45.290 millones en 2025 a casi US$76.000 millones en 2030, lo que supondría una tasa de crecimiento anual cercana al 11%.

La diferencia es importante.

El mercado tradicional de wearables comienza a mostrar signos de madurez. El verdadero crecimiento podría desplazarse hacia productos capaces de ofrecer servicios asociados a prevención, diagnóstico, monitoreo remoto y enfermedades crónicas.

En otras palabras: el negocio ya no estaría solamente en vender el dispositivo, sino en todo lo que puede construirse alrededor de los datos que genera.

La inteligencia artificial cambia la ecuación

Hay otro elemento que puede acelerar esta transformación: la IA.

Hasta ahora un smartwatch podía generar miles de datos sobre frecuencia cardíaca, sueño, actividad física o temperatura.

El problema era interpretarlos.

La combinación entre modelos de inteligencia artificial y monitoreo continuo permite comenzar a transformar esa gigantesca cantidad de información en recomendaciones comprensibles para el usuario.

Investigadores ya están trabajando en modelos especializados capaces de analizar enormes volúmenes de información procedente de wearables. En 2026, el proyecto OpenMHC publicó un conjunto abierto con más de 60 millones de horas de datos de dispositivos corporales, incluyendo frecuencia cardíaca, actividad, sueño y ejercicio, con el objetivo de acelerar el desarrollo de modelos de IA aplicados a salud.

La tendencia apunta hacia un wearable que no solamente diga:

“Dormiste seis horas”.

Podría decir:

“Tu descanso, frecuencia cardíaca y actividad durante los últimos cuatro días están fuera de tu patrón habitual”.

Ese cambio convierte al dispositivo en algo mucho más parecido a un asistente personal de salud.

El cuerpo como fuente permanente de datos

La medicina tradicional funciona principalmente mediante fotografías aisladas del paciente.

Nos hacemos un análisis de sangre.

Nos toman la presión.

Realizamos un electrocardiograma.

Visitamos al médico.

Cada uno de esos momentos genera información.

Los wearables introducen otra lógica: una película continua del organismo.

En determinadas situaciones, un dispositivo puede observar durante semanas pequeñas modificaciones que resultarían difíciles de detectar durante una consulta de quince minutos.

Esta capacidad comienza a tener aplicaciones clínicas reales.

El mercado de monitoreo remoto de pacientes está creciendo y empresas especializadas están consolidándose alrededor de dispositivos capaces de registrar variables fisiológicas durante largos períodos. En agosto de 2026, por ejemplo, iRhythm anunció la adquisición por US$287,5 millones de VitalConnect, fabricante de VitalPatch, un parche aprobado por la FDA que permite monitorear diferentes signos vitales durante semanas.

Es una señal de hacia dónde podría moverse parte del negocio.

Del smartwatch al ecosistema corporal

Otra transformación importante es que probablemente no exista un único wearable dominante.

El ecosistema puede fragmentarse según qué parte del cuerpo resulte más adecuada para obtener determinado dato.

El reloj seguirá siendo importante.

Pero también aparecerán anillos, parches, auriculares, lentes de contacto, ropa inteligente y sensores prácticamente invisibles.

En el Mobile World Congress 2026 pudieron verse algunos ejemplos de ese futuro, desde sensores desechables capaces de analizar el sudor para estudiar hidratación hasta prototipos de lentes de contacto inteligentes orientados, entre otras aplicaciones experimentales, al seguimiento de glucosa.

Al mismo tiempo, Qualcomm presentó en MWC 2026 Snapdragon Wear Elite, una nueva plataforma de 3 nanómetros con una unidad dedicada al procesamiento de inteligencia artificial. El avance apunta a permitir que los dispositivos corporales procesen cada vez más información sin depender permanentemente del teléfono.

Es una diferencia fundamental.

El wearable comienza lentamente a dejar de ser un accesorio del smartphone para convertirse en una computadora independiente que llevamos sobre el cuerpo.

La salud 4.0 puede ser el gran motor del sector

Hay varias tendencias que convergen al mismo tiempo.

La población mundial envejece.

Las enfermedades crónicas requieren cada vez mayor seguimiento.

Los sistemas sanitarios necesitan reducir internaciones evitables.

La inteligencia artificial permite analizar cantidades enormes de datos.

Los sensores son cada vez más pequeños y baratos.

Y millones de personas ya están acostumbradas a utilizar dispositivos inteligentes durante prácticamente todo el día.

Esa combinación puede crear uno de los mercados tecnológicos más importantes de la próxima década.

El verdadero salto llegará cuando los datos producidos por estos dispositivos puedan integrarse de manera segura con médicos, hospitales, aseguradoras y plataformas de telemedicina.

Entonces el wearable dejará definitivamente de ser un gadget.

Será parte del sistema sanitario.

De la medicina episódica a la medicina continua

En América Latina, algunas compañías ya comenzaron a recorrer este camino. Medify se posiciona como una de las iniciativas pioneras de la región en la integración de telemedicina, inteligencia artificial y herramientas digitales para el seguimiento de la salud. Su enfoque apunta a conectar atención remota, monitoreo continuo y asistentes inteligentes, anticipando un modelo sanitario en el que los datos generados por wearables y otros dispositivos podrán integrarse cada vez más con la atención profesional y la prevención personalizada.

Durante buena parte de la historia moderna, la medicina funcionó alrededor de una idea: el paciente consulta cuando aparece un problema.

La salud 4.0 propone invertir parcialmente esa lógica.

Sensores, inteligencia artificial, historia clínica electrónica y telemedicina pueden construir sistemas capaces de observar permanentemente determinadas variables y advertir cambios antes de que el paciente decida consultar.

Todavía existen enormes desafíos.

La precisión de los sensores no siempre equivale a la de un dispositivo médico. También aparecen interrogantes regulatorios, médicos y éticos relacionados con privacidad, propiedad de los datos y falsos positivos.

Pero la dirección tecnológica parece cada vez más clara.

Después de haber conquistado nuestros escritorios con la computadora y nuestros bolsillos con el smartphone, la próxima gran plataforma tecnológica podría estar directamente sobre nuestro cuerpo.

Y si esa plataforma demuestra que puede ayudarnos a vivir más y mejor, el negocio de los wearables podría estar apenas comenzando.

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Etiquetas: , , , , Last modified: 8 agosto, 2026
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